Beethoven Vs. Napoleón

Octubre de 1805, el ejército francés derrota al austríaco en la batalla de Ulm y marcha a lo largo del Danubio. Napoleón ha invadido Viena, ciudad que bombardearía cuatro años después, con el resultado de más de 40.000 bajas entre ambas filas.

«¡Tambores, cañones, miseria humana de toda especie!» se lamentaba un músico, protegiendo sus ya maltrechos oídos de la destrucción provocada por la temible artillería francesa. Se trataba de Ludwig Van Beethoven que residía en la ciudad a la que había acudido décadas antes para ser discípulo de Haydn.
Pero no siempre fue así la relación entre el compositor y el emperador. Van Beethoven creía en 1804 que el proyecto político del corso iba a consistir en superar las desigualdades entre las clases altas y las trabajadoras propias del Antiguo Régimen. El músico le dedicó, inspirado por sus triunfos militares, su ‘Tercera Sinfonía en mi bemol’, más conocida como “la Eroica”, en italiano.
Incluso llegó a escribir que la pieza la había compuesto «para celebrar la memoria de un gran hombre». Sin embargo, cuando en diciembre de ese mismo año Bonaparte se autocoronó emperador en la catedral de Notre Dame, el músico rompió la portada de la sinfonía con la dedicatoria y canceló una gira que tenía prevista en Francia.
"¡No es más que un hombre común y corriente! ¡Ahora pisoteará los derechos humanos, solo perseguirá sus propias ambiciones; se encaramará al poder como todos los demás, será un tirano!" Dijo, según uno de sus discípulos, Ferdinand Ries.
No se equivocó. Y fue una pena, porque el corso representaba para muchos una Ilustración que defendía la igualdad, la libertad, la fraternidad y la razón. Fue el siglo XVIII, el Siglo de la Revolución francesa, el Siglo de las Luces. Y lo que trajo a Europa fueron las peores sombras.
Sólo en España, la invasión napoleónica se estima que dejó 500.000 muertos, saqueo de campos y de obras de arte, destrucción de infraestructuras, hambrunas y epidemias que asolaron la población civil durante décadas.
El genio de Bonn tuvo lucidez, coherencia con sus principios, humildad para reconocer que se había equivocado, valentía. Le hubiera traído muchos más beneficios plegarse a los delirios del francés cuando este alcanzó semejantes cuotas de poder.
Más de dos siglos después, la actitud de gran parte de nuestra sociedad es la contraria. Ya lo dijo Donald Trump: “Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes".
Estamos dispuestos a perdonar las peores vilezas, siempre y cuando quienes las cometen sean de los nuestros. La manipulación, la mentira, la corrupción, gestiones negligentes que cuestan vidas. Miseria humana de toda especie, como diría el alemán.
Los sueños de la razón crean monstruos, afirmaría otro contemporáneo: Goya. Y rara vez hacemos lo honesto:rechazarlos, denunciarlos, combatirlos, cuando defienden nuestras más arraigadas y nobles ideas. Y no hace falta ser ningún genio para eso.

P.S.: Recomiendo la visita a la Casa Museo de Beethoven en Viena, vivienda en la que pasó los últimos 35 años de su vida, una de las pocas de la ciudad que se conservan como en aquella época.

Me llamó la atención un simulador que te pone en los oídos del genio en las distintas etapas de su pérdida auditiva. Un lugar interesante, ameno e interactivo en el que la música es la verdadera protagonista.






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